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Nací en México Distrito Federal. Descendiente de la cultura más rica, mi pasión por el arte se desarrolló desde chica. Mis hijos, mi familia y Dios hacen de mi inspiración creación. Mi rama es el diseño gráfico. Mi fuerte, la ilustración y el diseño editorial.
Cualquier creación artística es hija de
su tiempo y, la mayoría de las veces, madre
de nuestros propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce
un arte que le es propio y que no puede
repetirse. Pretender revivir principios
artísticos del pasado puede dar como resultado,
en el mejor de los casos, obras de
arte… Read More
Cualquier creación artística es hija de
su tiempo y, la mayoría de las veces, madre
de nuestros propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce
un arte que le es propio y que no puede
repetirse. Pretender revivir principios
artísticos del pasado puede dar como resultado,
en el mejor de los casos, obras de
arte que sean como un niño muerto antes de
nacer. Por ejemplo, es totalmente imposible
sentir y vivir interiormente como lo hacían
los antiguos griegos. Los intentos por
reactualizar los principios griegos de la
escultura, únicamente darán como fruto
formas semejantes a las griegas, pero la
obra estará muerta eternamente. Una reproducción
tal es igual a las imitaciones de un
mono.

A primera vista, los movimientos del
mono son iguales a los del hombre. El mono
puede sentarse sosteniendo un libro frente
a sus ojos, dar vuelta a las páginas,
ponerse serio, pero el sentido de estos movimientos
le es ajeno totalmente.

Hay, a pesar de esto, otra igualdad exterior
de las formas artísticas que se asienta
en una gran necesidad. La igualdad de la
aspiración espiritual en todo el medio moralespiritual,
la aspiración hacia metas que,
perseguidas primero, fueron luego olvidadas;
es decir, la igualdad del sentir interno de todo
un periodo puede llevar lógicamente al empleo
de formas que en un periodo anterior sirvieron
positivamente a las mismas aspiraciones. Así
nació parte de nuestra simpatía, nuestra
comprensión y nuestro parentesco espiritual
con los primitivos. Como nosotros, esos
artistas puros buscaron reflejar en sus obras
únicamente lo esencial: la renuncia a lo
contingente apareció por sí sola.

A pesar de su valor, este punto importante
de unión espiritual no es más que un aspecto.
Nuestro espíritu, que después de una larga
etapa materialista se halla aún en los
inicios de su despertar, posee gérmenes de
desesperación, carente de fe. falto de
meta y de sentido. Pero aún no ha
terminado completamente la pesadilla de
las tendencias materialistas que hicieron de
la vida en el mundo un penoso y absurdo
juego. El espíritu que empieza a despertar se
encuentra todavía bajo el influjo de esta
pesadilla. Sólo una débil luz aparece como
un diminuto punto en un gran círculo
negro. Es únicamente un presentimiento que
el espíritu no se arriesga a mirar, pues se
pregunta si la luz es sólo un sueño y el
círculo negro la realidad.

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