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(e) Rubén Martín Giráldez (i) Alfonso Rodríguez Barrera
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Me llamo AgujeroMusculoso, y soy una perforación practicada en un muñeco; un ano de fantasía.Digamos que es a través de ese ano desde donde oigo todo lo que cuento. Marcelinoni siquiera se plantea de dónde sale la voz. Interroga los ojos del muñeco, dospiedras de un ámbar color chorizo. Asimétricos, asimpáticos. Cuando la figurase enfada no conoce madre, cuando se alegra no conoce padre. ¿De dónde sale lavoz? Bueno, desconozco la nacionalidad de Cristo; el caso es que este muñeco esoriginario de esa localidad donde Taiwan pierde su casto nombre.

MARCELINO
¿Te acuerdas de cuandonos conocimos, diosito? Yo me llamoManuel, ¿y tú? Es decir me llamo a mí mismo Manuel, los otros me llamanMarcelino, pero a mí me parece que es más importante cómo me llamo que cómo mellaman. ¿Te acuerdas? Mira que hace tiempo, y todavía estás enfadado porquete amenace con una pala cuando te vi por primera vez, pero es que tenías una pintaterrorífica de gusiluz satánico o de pierna amputada envuelta en papel deestraza. Me dirás que yo no he salido jamás de este convento y que poco puedosaber lo que es la estraza, aunque tampoco me parece que sea crucial, eso; consaber lo que es una pierna ya tengo la mitad de la información, y me basta parahablar, que es prácticamente lo único que sé hacer. Y tenías una cara de hambrecuando te descubrí… En las siguientes semanas me volví más ladrón que Genet. Cuandote subía vino te entraba calor y entonces sí que hablabas, ¿eh, bandido? Que sime acuerdo de cuando les jodí los tenderetes a los del mercadillo, que sitendrías que haber visto la cara de gilipollas que se le quedó a Judas…, perolas gracias no me las dabas nunca: todo comentarios sarcásticos, si te llevabavino. Y yo aprovechaba para interrogarte: Hoy he visto una madre. ¿Y te ha gustado? (tú) ¡Claro! Y me soltabas un sermón sobrelas MILFs. Mentiras. ¿Son bonitas las madres? ¿Qué hacen las madres? Dar, Marcelino, dar. ¿Y qué dan? Se dan a sí mismas, Marcelino. Y algunas se dan también a tus amigos, sóloa tus mejores amigos. Y a ti, ¿se te dan? A mí al que más, hijo de cabra; cuando yo hable, cuando tú creas que yohablo, silencio. ¿Qué decía? Las madres nunca son feas…

Tapa el agujero,tápame, Marcelino, y no escuches. Ya lo escucho yo. Destrózame el quórum mientrasla figura sigue con su bravata. Aunque Cristo no sea monstruo de mi devoción —ymenos aún un muñeco que intenta parecerse a Cristo—, sigo su razonamientoasintiendo desde mi sitio —frunciéndome, digo; a fin de cuentas soy poco másque un ano de trapo—. Le dices que quieres ver a tu madre y él te responde quepara eso tendrás que dormir. Pero tú no tienes sueño. Te contará que fue elprimer juguete de la historia anunciado en la televisión americana —no te creasnada— allá por los años cincuenta. Echa la vista atrás con nostalgia, rememoralos tiempos en que las piezas se vendían sin un cuerpo porque se suponía que elniño debía clavarlas en una patata. Y se suponía también que los padresaportaban la patata. Era mucho suponer. Luego llegaron las normativas desanidad y les obligaron a incluir un cuerpo. Es un poco la historia de lahumanidad, se queja con amargura: siempre acabáis pidiendo un cuerpo comoprueba, y no uno cualquiera: un cuerpo incorruptible, un cuerpo no sujeto a lasleyes de la caducidad, no perecedero. A mí tampoco me extraña la sarta deestrellas del porno que ha dado vuestra sociedad. Ah, el cuerpo lo sabe todo,tiene su índice de límites. Pero ¿tu diosito de trapo ha utilizado su cuerpo paraalgo que no sea para epatar a las fembras placenteras con sus superpoderes y endosarlessermones pontificantes a los presentes, para vaticinar obviedades crípticas como:«Si a un niño lo encierras en un sótano durante sus primeros quince años devida y le proporcionas la ropa adecuada lo puedes enviar directo a GandíaShore»? Obviedades crípticas, claro está, de ésas que sólo Google comprende milaños después. Mal uso, irrespetuoso, de su cuerpo. No lo escuches, que sóloquiere que te duermas. Una mirada sucia bastaría para sanarlo.

EL MUÑECO
¿No tienes sueño,Marcelino? Ven, yo te lo daré. ¿Por qué no quieren que me oigas? ¿Por qué noeres capaz de escucharme ni dos minutos seguidos? Por eso no me gusta hablarcontigo. Por eso no me gustan los niños. Dejad que se acerquen a mí, queveréis. ¿Por qué intentan que te entretengas penetrando un agujero en lugar deprestarme atención? No puedo guardar mejor las formas, no me gusta hablar biende la gente y creo que es comprensible. No le hagas acaso a Agujero Musculoso; callay escucha mis gritos de salud, la otra salud; su reverso, los gritos y las vocalizaciones,las hermanas menores de la salud: ¿sanarme?, ¡ni la partícula más enferma de micuerpo cree de verdad en la medicina! Y, sin embargo, eso no quiere decir queno te la pueda vender. Con saber vendértela, ya está cumplida media faena. Delo que te hablo, a fin de cuentas, es de esto, Marcelino: si no sabespronunciarlo, no sabes hacerlo. Si no sabes decir «colonoscopia» es muyprobable que no debas practicarla más que pasivamente. No atiendas a AgujeroMusculoso, que no sirve más que para tragarse el semen que no quiere tragarse ningunode los frailes del convento. Yo no soy el Jesús oficial de la Iglesia,Marcelino, ése que adoran los banqueros, los políticos, los policías, losjueces, los verdugos, los decapitados…, no soy su superstar.

MARCELINO
¿Tu voz es pregrabada?

EL MUÑECO
¡Sssssh!, pero ¿deverdad es tan difícil guardar silencio? ¿No eres capaz de entender que unhombre que recita de memoria treinta páginas mecanografiadas necesita un pocode concentración? ¿Pregrabada?, ¿pero grabada precuándo, niño? ¿No querías vera tu madre? ¿Y no te digo que para eso primero tienes que dormirte?

MARCELINO
Bueno, y… ya dormiremosmás tarde, ¿qué hacéis Agujero Musculoso y tú esta noche?

EL MUÑECO
Adolecer de tu mismodefecto, niño mamón abominable.