Add to Collection
About

About

Fotorreportaje sobre la Manifestación del 14N en Barcelona.
Published:
Daban las 18h de ese mismo miércoles y una pancarta con letras escritas con fixo negro dejaba leer un "Ven a ver la mani. No te la descargues" avisando que la tranquilidad de una manifestación que hasta ahora había transcurrido pacíficamente, en algún momento de la noche, dejaría de serlo.

20.43h. Se incendia un coche y empiezan las cargas.

En Vía Laietana se abre un círculo perfecto en el cruce con el Mercat de Sta. Caterina y la Avinguda de La Catedral. Como si estuviéramos en plena peli de acción americana, las lecheras empezaron a bajar Via Laietana a una velocidad muy superior a la permitida por Via Laietana el lunes, martes, jueves, viernes o sábado de esa misma semana. El 15N no me extrañó en absoluto recibir la noticia que decía que un Mosso había sido atropellado por una lechera. Muy normal.

Al bajarse los mossos de las lecheras, la gente empezó a correr presa del pánico. Ellos corrían Via Laietana dirección al mar y los mossos y las lecheras tras ellos, también directos al mar pero con una pequeña diferencia, tenían "compañeros" infiltrados.

Esos infiltrados iban vestidos con el disfraz que los medios y la sociedad mediatizada/politizada etiquetan como radical: sudadera con capucha, pañuelo tapándole buena parte del rostro y pantalones con cadenas de metal y ocho mil bolsillo.

Mientras los mossos lecheros cargaban con porras y buscaban problemáticos escondidos por las mini calles del Born, los infiltrados subían dirección contraria, golpeando violéntamente contra cualquiera que se cruzara con ellos, y sobretodo contra la prensa y las personas anónimas cargados con sus cámaras semi, pseudo o profesionales, al grito de "a mí no me grabes que te parto las piernas".

Esos golpes, esas amenazas, las hacían mientras sostenían en sus manos unas porras extensibles de metal cuyo sonido aún repiquetea en mi cerebro...

Quince minutos más tarde, una vez que conseguí salir del meollo donde me metí y del que me costó salir, estaban los mossos radicales junto a los mossos vestidos de mosso, frente a la Catedral y rodeados de las mismas personas de las que estuvieron rodeados antes, ojipláticos al no poder creer lo que estaban viendo sus ojos.

No fue necesaria esa carga excesiva. No lo fue porque la gente, a pesar de estar más que cabreada, no tenía fuerzas para pelear con las manos por aquello que ya ni siquiera se puede conseguir mediante la palabra, el diálogo o la simple democracia.
 
En estas dos últimas imágenes se ven los mossos radicalizados junto a una lechera no radicalizada. Miraban amenzantes a cualquiera que les intentase tomar una foto o grabar un vídeo. A mucha gente le dio exactamente igual esa mirada. Una de ellas, a mí misma.