Huelga del 14N: de día

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  • Un sonido que comenzó a las 11.30h de una mañana de miércoles huelguista. El sonido de un pájaro que nos vigilaba movimiento tras movimiento. Un helicóptero que gastaba la gasolina que cientos de familias igual hubieran necesitado.

    Terroristas disfrazados en forma de abuelos que reivindican sus derechos, los que merecen tener tras toda una vida dedicada al trabajo y a la familia.

    Jóvenes que salen a la calle, unidos de las manos, para luchar por el futuro que les pertenece.

    Mujeres que, por miedo no salen a la calle pero que pierden ese miedo desde los balcones de sus viejas casas, algunas de ellas, casas que se debaten entre la anarquía que supone vivir en paz, vivir tranquilo.

    Parejas que se sientan en bancos que no roban, sino que te permiten hacer un descanso. Parar.

    Y ellos. Escondidos tras un disfraz de malo malote. Ellos, que no dan la cara pero sí las porras y los bolazos de goma. Ellos que se refugian del ataque feroz de abuelos, parejas, jóvenes, niños y hasta palomas, un día de huelga en el que hay demasiada presencia policial para la tranquilidad que muestra en sus caras la cantidad de gente que sale a la calle a gritar que merecen una vida mejor.

    Ellos, Mossos que se disfrazan de radicales, con capucha, con palos de metal extensibles que utilizan para apalear a personas inocentes, a la propia prensa y a sus compañeros, Mossos también, arremetiendo contra ellos mismos para que la sociedad, indignada ante tal carga policial, guerree para el contento de políticos y medios que sólo se dedican a mentir poniendo la etiqueta de "malo" a quien menos debe tenerla.

    Pero eso, ese disfraz mosso-radical, eso espera paciente para salir por la noche...