El regreso a la Pintada / The Return to La Pintada.

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    El regreso a la Pintada.
     
    En diciembre del 2010 Chaya (Maria del Rosario Gordón) regreso a la pintada, el lugar donde se crió, después de trabajar 24 años para mi familia, me cuido desde antes de que naciera, es mi segunda madre. Es muy creyente en Dios y es el veridico ejemplo de que el que trabaja duro algún día se acostará en una hamaca a descansar su jubilación.
     
    Tenia 2 años de no verla, la extrañaba, extrañaba su comida, su tono, su trato, el poder abrazarla completita, ya que con los años se ha puesto más chiquita. 
     
    Chayi, siempre nos cuidó a mis hermanos Mónica, Emanuel y a mi,  pero había un lazo mas fuerte entre ella y yo. Ahora que regrese a la pintada vi cosas que se repiten en su vida, como el criar a Jair que es el ahijado de su esposo Justo, lo regañaba y le decía que tiene que estudiar y hacer caso en ese tono que era el mismo con el que me lo decía a mi. Chaya y Justo, nunca tuvieron hijos, pero siempre sentí que yo era como la hija que nunca tuvieron. 
     
    Tienen en su casa un gran patio con gallinas, perros, siembran frijoles, arroz, zapallo, ajíes, culantro, etc, por lo tanto la comida es especial. Hay más amor del normal, desde los huevos del desayuno hasta la sazón del pollo de la cena. Creo que el amor a la cocina me lo transmitió ella, recuerdo de niña que la "ayudaba" en la cocina cuando en realidad lo que hacia era más desorden, pero ella nunca me lo hizo saber, yo siempre quería estar alado de ella, por eso desde pequeña me iba a su casa en Cerro Batea de paseo de fin de semana, ahí conocí a mucha de su familia, por eso cuando voy es como si hubiera regresado un personaje famoso de su historia, muestra los regalos que le llevo, quiere que todos vean que grande estoy, escuchar mis cuentos y lo bien que me ha ido.
     
    Los recuerdo que tengo que Chayi son simplemente amor en cantidades como los frijoles y el arroz, incontables. Así como a Jair  y a sus tantos sobrinos me enseño a ser honesta, humilde, amable y a amar a los demás sin prejuicios, sin importar de dónde eres o cuánto tienes lo que importa  es lo que tú eres capaz de dejar por el amor a otros. 
     
    Ella dejo la pintada muchos años atrás y nos encontró a nosotros y ahora regresa a ese mismo lugar a seguir su vida tranquila, lo que no sabe nuestra querida Nana, es que nosotros siempre nos quedaremos con ella en el corazón.
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    The return to La Pintada.
     
    In December 2010, after 24 years of working for my family, Chaya (María del Rosario Gordón) returned to La Pintada, the place were she grew up. She took care of me since I was born, so she’s like my second mother. A faithful worshipper of God, Chaya is the utmost proof that whoever works hard will one day get to lie down and rest after their retirement.
     
    I hadn’t seen her for two years, and missed everything from her company, to her food, tone, care, and being able to hug her all around. She seems to have gotten smaller with age.
     
    Chayi always took care of my siblings Monica, Emanuel, and myself, but there was a stronger bond between the two of us. After visiting her in La Pintada, I saw things being repeated in her life, from the way she raises Jair, her husband Justo’s godson. She scold and urges him to study in the same tone she scolded me. Chaya and Justo never had children of their own, but I always felt like the daughter they never had.
     
    Their house has a large backyard with chickens and dogs, where they harvest beans, rice, pumpkins, peppers, cilantro, among other things, which is why their food is so special. Everything is prepared with more love than usual, from breakfast eggs to the well-seasoned dinner chicken. I truly believe that she spread her love of cooking to me, and I remember “helping” her in the kitchen when really all I did was make a mess. She never told me this though. I always wanted to be by her side, so I visited her house in Cerro Batea on weekends, where I met most of her family. And every time I visit her nowadays, I feel like a famous character from her past going back home. She excitedly shows everyone the presents I give her, wants everyone to see how much I’ve grown, and listen to my life stories.
     
    The memories I have of Chayi are like her rice and beans, countless. Just like she’s teaching Jair and her many nephews, Chayi taught me to be honest, humble, kind, and to love others without judgment, regardless of where they’re from. She taught me the importance of sacrificing your own needs for the love of others.
     
    Chaya left La Pintada many years ago to find us, and she now returns to that same place to continue her peaceful life. What our dear Nana doesn’t know is that we’ll always have her in a special place in our hearts.