Violencia y Azúcar. 2010-2016
VIOLENCE & SUGAR
Boceto de tanqueta del ESMAD, de aparición frecuente a las afueras de la Universidad Nacional. Parte del proyecto objetual "Violencia & Azúcar" desarrollado para el taller Materia y Procedimientos, dirigido por el maestro Ramón Uribe, y que pienso retomar en una versión vigorizada por la terrible situación política colombiana.

Sketch of an armored car of the ESMAD, of frequent appearance outside the Universidad Nacional. This is part of the objectual project "Violence & Sugar" carried out in the workshop Materia y Procedimientos directed by the professor Ramón Uribe, and that I'll be resuming on a version invigorated by our terrible political situation.
Ejercicio de escritura y grabaciones variadas para un trabajo que como siempre, está pendiente...Y a continuación mis muy personales apreciaciones.
Various writing and recording excercises for a project that as always remains unfinished... And below my very own personal thoughts on the subject.
Aparezco entonces, con dos piedras bastante grandes, seguramente una de ellas descansa en una mesa, ah, las mesas de ese salón, todo lo que significan en este enredo de mis inclinaciones, mis afectos; se parecen mucho a la piedrita que está en la libreta que casi pierdo, y que M.V. recogió del salón donde la dejé, abandonada. Pero se ven enormes. No tan pesadas porque esa constitución granulosa de su imagen las aliviana a la vista; ese color gris pero no frío, sino amarillento, les da un aire de simpatía. Las hace algo vivaces, como animalitos sin ojos. No parecen nunca estar observando, pero si parecen llamar al tacto, como la piel amable de una pequeña bestia. No sé si dan voces, o si acaso murmuran… En los sueños eso es lo único que no puedo reconciliar, como en las fotos. No creo haber nunca, físicamente hablando, oído la primera palabra “real”. Nunca, el primer sonido. Quizá sólo una vez, en que soñé que estaba en mi funeral y una música bastante bella y curiosa sonaba, en el teatro del colegio, sin verme pero bien informada de mi muerte por las ceremonias, -creo que una melodía de piano-, empecé a entrar en vigilia a contratiempo y seguramente por eso el piano resonó, más allá de mi cabeza, mucho más allá de mi memoria, en mis oídos. Y esa fue la última, la primera vez. Definamos esos límites, ahora. Entre lo último y lo primero, todo ha sido silencio muy bien compensado por la magistralidad de los simulacros, el delicado trabajo de la luz en las imágenes, la discreción y atrevimiento tan bien coordinados del montaje… Como una foto.  Como vos, ahora. Me pregunto, ¿Por qué no te vi antes de todo, sino ahora?

¿Cómo? En todo el sueño, en todo caso, no apareces. Me imagino que mi vigilia te metió también, por algún instante. Pero vos llegas a interrumpir un rato la luz perfecta, y a mezclarte con ella, paradójico, en tanta uniforme oscuridad… Ahora entiendo, de pronto, por qué no miras mucho, o no pareces mirar. Porque tus ojos son como las piedras que mencioné hace un momento. Son claro, unas piedras, pero delicadas… Podrían ser grises o negras, pero no. Son dulces. La oscuridad se acaba, se condena ahí; talvez también por eso se te escapa a cada rato la sonrisa. Podemos hablar. Podemos estar callados. Podemos ocupar el mismo lugar, en intervalos. Vos tiendes el hilo desde donde dejé el mío, olvidado. Podemos estar cerca, y no invadirnos. Podemos encontrarnos por todos lados sin planearlo, y preguntarnos adelantándonos al otro. Podemos darnos la espalda, la sonrisa, la mirada, y toparnos de frente sin culpa. Podemos perdernos el uno al otro y a conciencia. ¿Podría estarlo imaginando, todo? Imaginándote. Inventando.

Tus ojos me caen encima como unas dulces piedras. Los míos, supongo, te atravesaron, alguna vez. Es una tormenta. El arte no es el escampadero. Nos mojamos con constancia. Escapando pretextualmente, de cualquier cosa. Del aire; de la altura; de la entrega. De los gases lacrimógenos, ignorados. Del chorro enorme que suelta la tanqueta en la salida de la 45. Que veo con un ánimo enajenado, un poco, curioso, aletargado… Lo absurdo. Sostengo esas piedras. Pero supongo que no las dos al mismo tiempo, y V señala un –ah, todavía queda algo más- (hablando de que mi entrega aún no ha terminado), y, seguramente ayudada por una mesa, empiezo a envolver, de pie, las piedras en periódico. En algún momento es como si eso dejara de importar, y de suceder, por lo tanto; como si se pudiera dejar así, sin terminar; o incluso como si me diera cuenta al hacerlo que no tiene sentido, y que ya no sé qué más hacer, así que todo debe parar ahí. Una de las piedras queda medio envuelta, y todo se hunde en un remolino, donde quizá me habré despertado, donde hay una transición otra, una disipación, un fundir en negro… Y el sueño se recarga, en connotaciones estrictamente familiares.
Tanqueta y silla de gasa.
2010-2016
I appear then, with two very big stones, it’s for sure one of them rests on top of a table, ah, the tables of that classroom, all what they mean in this mess of my inclinations, my affections; they look lot alike the pebble that lies into the notebook I almost lose, and that M.V picked up from the class where I left it, abandoned. But they look huge. Not so heavy because that grainy conformation of their image makes them lighter to view; that gray, not cold but with a yellowish hue, gives them an air of sympathy. It makes them somewhat vivacious, like little animals without eyes. They don’t ever seem to be watching, but they beckon the touch indeed, with the gentle skin of a small beast. I don’t know if they cry out, or if they mutter, if at all… In dreams that is the only thing I can’t reconcile, as in photos. I don’t think I’ve ever, physically speaking, never heard the first “real” word. Never, the first sound. Well maybe just once, when I dreamed I was at my funeral and it sounded a quite beautiful and curious music, at the school’s theater, not watching myself but well aware about my death because of the ceremonies, I think it was a piano melody, I began to enter the waking state in a hiccup and for sure it made the piano resonate, beyond my head, far beyond my memory, into my ears. And that was the last, the first time. Let’s define those limits, now. Between the last and the first, all of it has been silence highly compensated by the skillfulness of the excercise drills, the delicate work of light onto the images, the discretion and audacity so well coordinated of the staging… As in a photo. As you, right now. I ask myself, Why didn’t I see you before all of this, but now?

How? In the whole dream, if anything, you don’t show up. I imagine my wakefulness popped you up anyways, for a moment. But you come to interrupt for a while the perfect light, and to mingling with her, paradoxical, in such a uniform darkness… Now I understand, all at once, why you don’t look too much, or don’t seem to look. Because your eyes are like the stones I mentioned a moment ago. They are stones, obviously, but they’re soft… They could be gray or black, but no. They are mellow. The darkness is brought to an end, it condemns itself there; maybe also because of that a smile escapes from you often. We can talk. We can remain silent. We can take the same place, at intervals. You stretch the thread out from where I put mine, forsaken. We can be close, and not invading each other. We can meet everywhere without planning it, and asking a step forward to each other. We can give each other a shoulder, a smile, a gaze, and run into each other without fault. We can lose each other in earnest. Could I be imagining it, all of it? Imagining you. Inventing.

Your eyes fall upon me like sweet stones. Mine, I suppose, broke through you, some time. It’s a storm. Art is not the shelter. We soak with constancy. Pretextually escaping, from anything. From the air; from the height; from the handing over. From the teargas, ignored. From the huge stream the armored car releases at the 45’s exit. Which I look at with an alienated mood, some, curious, numb… The absurd. I hold those stones. But I suppose not the two of them at once, and V points to a –oh, there’s still something left- (speaking about my presentation which hasn’t ended yet), and, most probably helped by a table, standing there, I begin to wrap the stones with newspapers. At some point it’s as if that stopped to matter, and therefore to happen; as if it could be left that way, without finishing it; or even as if while doing it I realized it doesn’t have any sense, and I don’t already know what else to do, so everything must stop there. One of the stones gets half-wrapped, and everything subsides into a vortex, where I had maybe woken up, where there is some other transition, an unwinding, a fade to black… And the dream reloads, in strictly familiar connotations.
to be continued...
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One of the armored car sketches from a project developed for the class "Materia y Procedimientos", directed by the professor Ramón Uribe. It was Read More
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