LOVE
El diseño del logo comprende nuestro previo conocimiento de: La palabra –Love–, su representación simbólica (símbolo del corazón) y su significado compartido (la palabra Love=símbolo del corazón), en el cual su lectura es decodificada a partir de formas conjugadas intencionalmente que derivan en su significado, ofreciendo un `lenguaje escrito ́ que se puede definir como una palabra sin letras o la palabra como imagen simbólica.






El diseño de una escultura urbana
Lenguaje, decodificación, objeto y acción

Todos somos artistas. A partir de esta premisa, se diseñó una escultura conceptual, social y urbana. Una escultura que, a tráves de lo que llamamos  la palabra como imagen abstracta ́, es percibida, decodificada y vivida por sus espectadores de diversas maneras. Generar una experiencia de interacción, a través de la acción por parte del espectador, responde a las necesidades y comportamientos de un tiempo y un momento determinado. A través de la acción, el público podrá contribuir de forma creativa, dando a entender que el resultado final de la obra se basa en los gestos intencionales de intervención y apropiación, que transmiten múltiples mensajes dotándola de un valor cultural único e irrepetible. Por esto, la idea de que la escultura sea apropiada ́por cada individuo que sienta la necesidad de transmitir un mensaje se convierte en el leit motiv de la obra. 





Municipio de Vicente Lopez / Ribera municipal, Paseo Costero



Todos somos artistas
Extractos del artículo escrito por el Sociólogo Guido Diligenti 
sobre el proyecto LOVE


En el campo de la investigación de la Sociología del Arte, la categoría artista es una de las de mayor relevancia, como también lo son las de obra, público, política de arte, etc. La presentación de la marca LOVE por parte del diseñador Juan Pablo Tredicce, convocando a la participación ciudadana, precisamente, bajo la consigna “todos somos artistas” constituye un fenómeno interesante a ser abordado desde esa jóven rama de la sociología. Entiendo que a partir de ella podemos comprender el éxito de una propuesta que contó con la participación de más de 500 personas.


...un lanzamiento que proclama “todos somos artistas” es indudablemente provocador. La frase en sí empieza ya a explicar parte de su éxito: frente a una relación caracterizada por la exclusión propone un nuevo modo de vincularse con el arte a partir de la inclusión. Es decir, convoca, invita, provoca, apela a esa “necedidad cultural” latente, dormida.
Un segundo acierto, anunciado también ya en el título, es que la estrategia apunta a los ciudadanos no como espectadores pasivos sino como actores, como protagonistas. Eso explica, en parte, la timidez inicial con la que abordaron la escultura, que en un comienzo se les figuraba como inconclusa. De hecho lo estaba, antes de que ellos dejaran su huella. Se los convoca a participar desde un rol diferente al usual: la escultura los interpela mucho más a intervenir que a observar. Si los mismos marcadores que tomaron como herramienta para manifestarse en la escultura, hubiesen estado en el mismo lugar pero como obsequio de una marca que los regala en su lanzamiento, el tiempo en el que hubiesen llegado a las manos de la gente hubiese sido, sin dudas, mucho menor. Pero hubiesen tomado en cambio un producto. El atractivo, y la sorpresa, para el participante de este lanzamiento está dado por el hecho de encontrarse justamente en los roles de artista y de productor, debiendo abandonar, por una vez, los de espectador y consumidor. Por otra parte, la noción de “artista” en el imaginario social aparece muy vinculada a la idea del “genio”, del “loco”, del portador de un “don” individual, del “autodidacta”, etc. que crea a partir de un momento de inspiración. No es frecuente la imagen del artista como la de un hombre metódico, trabajador, con rutinas, procesos de aprendizajes, etc. que lo harían más humano y más comprensible. Eso genera una mayor dificultad en la identificación con el rol de artista que se traduce en una inseguridad inicial al momento de abordar la escultura, que se va luego disipando al ver que otros también “se animan”. Para que esos “profanos” logren ser artistas, el ámbito en el que se realiza la propuesta es una variable fundamental. El Paseo Costero de Vicente López constituye un espacio público de esparcimiento frecuentado por personas de distintos sectores sociales, niveles de instrucción, edades e intereses.  

La misma está garantizada por la propia escultura LOVE. El carácter universal de la palabra, reforzada por su construcción a partir de corazones, funciona como un disparador eficaz e inapelable. Referencias a personas amadas, deseos para el conjunto de la humanidad, reproducción de frases celebres, aliento a equipos de fútbol, agradecimientos, etc. son tan solo algunos ejemplos de lo que la escultura evoca para quien se para frente a ella, y lo quiere compartir. Ante la participación desinteresada de más de 500 personas, que dejaron su sentir sin esperar nada a cambio debemos recordar a Erik Fromm cuando plantea que el amor es fundamentalmente dar, y no recibir. Ellos solo quieren dejar una huella de su amor, están dando, y dándose, sin especulaciones. Simplemente se están manifestando a través del arte.
Al manifestarse sobre la escultura la están creando. Desde ese momento le deja de pertenecer al diseñador y es apropiada por ellos. Es ahí, que a su modo, sin técnica pero con amor, se convierten por una vez en artistas, confirmando que efectivamente, en circunstancias favorables, “todos somos artistas”. Finalmente la escultura LOVE, luego de la participación de esas personas, se convierte en una acabada obra de arte, cuyo valor no está dado por el estilo, las técnicas o los materiales empleados, sino por el mensaje que da (que es en definitva a lo que toda obra de arte apunta). En esa obra están plasmados los deseos, los amores y las expectativas de cientos de artistas. Pero solo quien sepa leer el mensaje y significar esa obra, la podrá comprender, disfrutar y ver en ella su enorme potencial.
En definitiva, como afirma Bourdieu “la obra de arte considerada como bien simbólico sólo existe como tal para aquel que posee los medios para apropiarsela, es decir, descifrarla”.