La arquitectura hostil, o defensiva, es una tendencia de diseño urbano donde los espacios públicos se construyen para desalentar su utilización indebida.  
Bancos con brazos en medio, inclinados o irregulares, pinchos en los escaparates, iluminacion azul anti-toxicómanos o zumbidos de alta frecuencia.  Estrategias sutiles o no tanto, para controlar el uso que los ciudadanos hacen del espacio público.
Muchas veces los destinatarios son las personas sin hogar, los jóvenes que se reúnen en las plazas o parques, los viandantes que se sientan en el alféizar de un escaparate, los niños o los skaters que disfrutan en las plazas. En otros casos, se trata de desalentar cualquier uso no comercial (el que quiera sentarse a hablar que lo haga en una terraza y consuma).
En ocasiones se trata de ocultar los problemas sociales en lugar de resolverlos. Es la imagen y la estética lo que prima sobre las necesidades humanas. No se invierte en construir vivienda social, sino que se colocan pinchos para expulsar a las personas sin hogar de los portales. No se invierte en programas de rehabilitación de toxicómanos, sino que se colocan obstáculos en el lugar donde se solían instalar. No se busca la creación de lugares y actividades de ocio para jóvenes, se sustituyen los bancos por sillas individuales separadas.
Crear un espacio que desalienta el uso del espacio público, logra dirigir las conductas de los ciudadanos y que la ciudad responda a la voluntad de sus dirigentes. La arquitectura hostil dificulta la convivencia vecinal, dificulta el hecho de juntarse y relacionarse sin consumir. 
Hemos creado ciudades escaparate, donde se priorizan el orden y el decoro para compradores y turistas. Cada vez es más difícil encontrar un lugar para sentarse en un espacio público, sin la obligación de consumir. Los problemas sociales no se abordan, se esconden lejos de la vista de los “ciudadanos de bien”. Y se criminaliza al pobre, al que no tiene vivienda, al que tiene problemas. No es bonito, no queremos verlo, lo escondemos.
En muchas ciudades, los vecinos han tomado acción contra la arquitectura hostil. En Inglaterra se realizó la acción #HomesNotSpikes, a través de redes sociales. También se han realizado acciones físicas: cubrir los pinchos con cemento, depositado colchones sobre los pinchos, serrar los brazos de los bancos, etc.
Los espacios públicos son y deben ser de todos. No solo de quien tiene casa. No solo de quien tiene dinero para ir a una terraza. Las personas sin hogar son ciudadanos y tienen derecho a permanecer en un sitio público. Los espacios urbanos han de ser inclusivos y de uso gratuito.
La ciudad hostil
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