Esa canilla que dejás abierta mientra hacés otras cosas, las luces de tu casa que dejás prendidas cuando te vas, los aerosoles que utilizás para perfumar tu casa, o para que tus muebles brillen.
Estas acciones pueden resultarte familiares, ya que forman parte de nuestra vida diaria, y muchas veces no nos damos cuenta, pero estas pequeñas acciones contribuyen a contaminar nuestro planeta. Cada uno de nosotros aporta un grano de arena para que este proceso continúe. Todos somos responsables.
Tenemos que tomar conciencia, revertir estas costumbres, no sólo por nosotros, si no por los que van a venir: nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones.
Es posible lograr un cambio.