Hay días en los que como hoy se me acalambra la lengua, y ando saltado en realidades inentendibles.
Días en los que siento que como nunca estamos así de lejanos, espera, miento: creo que nunca habíamos estados tan lejanos como hoy.
Ha funcionado la forma de ir quitándote volumen en mi cabeza... te has ido desinflando.
A borbotones el aire mezclándose con la sangre me llenan las orejas de supuestos pelambres.
Hay días en los que como hoy he decidido salir poco por andar brillando,
Por andar estúpidamente fluorescente.
Marcando el segundo para atrás, porque así funciona el tiempo cuando el cerebro te da botes dentro de todo el cuerpo. En zigzag. En falsa ocupación.


En la base de mi cabeza tres puntos: Apretar los tres al mismo tiempo en caso de emergencia.

No tengo hilo para hilar nada. No tengo nada que se pueda tocar fuera de mi misma. Solo tengo este cuerpo fijo a la tierra y estirado hasta romperse porque mis ojos andan pegados absortos en el cielo. Con la nuca en completa oposición, con el cráneo palpitando. Con el occipital y los parietales ya ni tocándose, separados por presión. Con la violencia que provoca la cabeza de agua de la abandonada Malva Marina. Con el costanera center entero metido entre mis orejas. Tirándose por los agujeros de mi nariz los suicidas, que bendecidos de antes, salen cubiertos de blanco santiguador.

Días como hoy reír es liberador. También llorar.
Se me raja la cara hacia arriba mostrando los seres estos que giran sobre su eje. Esos a quienes llaman dientes. Dientes. Nunca me han caído en gracia los simplistas dientes. Por ello estiro mis brazos y dedos en el afán doliente de arrancármelos uno a uno, por poco decididos y enfermizamente uniformes. Me los quito sin fuerza, salen de su nacimiento impulsados por una explosión de fluidos purulentos, verdeaseos. Para caer girando y plantarse con sus raíces en el suelo. 
Semillas de mala lengua, semillas de boca infame, malas semillas que darán como flor bocas fétidas de mal saber. Bocas de políticos hediondos a dinero, bocas nuevas con nuevos dientes y nuevas palabras rociadas como mal mayor por la tierra. La maldita necesidad del habla me la arranco, me la extirpo, la escupo, y de tanto reniego termino imposibilitada de llevar a cabo la protrusión, imposibilitada de comer, imposibilidad de opinar. Ausente y permisiva, como la conciencia entera de mi sociedad desquerida.
En la base de mi cabeza tres puntos: Apretar los tres al mismo tiempo en caso de emergencia.

Faltan días para estar despiertos, esta gente en mí no descansa. Veo todo con menos brillo, y la boca desabe a matinal y a pura falta.
Lo insensato me agrieta, me llena de dudas, me hostiga esta calma incalma. Esta felicidad falsa, esta belleza interna porque ahora sin dientes ni opinión. Este estar no estando.
Se me agrieta la cama en la espalda, la siento romperse como hojas de otoño, y sus trocitos como vidrios me entran al cuerpo, o a esto, que sin saber determinaron (no se quienes o que) fuese mi transporte. Vidriecillos navegan por mi sangre, me la contaminan de nuevo, pero esta vez sin forceps, sin pinzas, sin agujas ni raspados, ahora solo por el veneno de mí cabeza masificándose, ardiendo en rabia, no entendiendo nada de nada. Ni el aire que entra, ni el aire que sale, sin palabras, ya para que el aire…
Y aunque de pronot, ahora pienso: ¿qué tan real puede ser todo?
Observo largo el cielo, y todo pierde peso, ni tu llegada a mi vida, ni tu ida de ella, ni lo infame del pueblo sin sangre, ni lo descoordinado de mis dedos ya parecen tan profundos. El cuerpo se me desestira, vuelve de golpe como elástico a ser quien ven. Se reubica todo. Tomo mis papeles y salgo flotando a buscar pega.

______________________________________________________Spinetta/DuncanLotte.


Fotógrafo: El Mesa.

Interprete, texto y producción: Duncan Lotte.