INFLEXIÓN PALAFÍTICA
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I N F L E X I Ó N  P A L A F Í T I C A


Las aguas del puerto de Buenaventura son testigo presencial del fenómeno más grande de desplazados en Colombia. Un lugar que hoy es tierra de nadie, esconde, tras las mareas que unen sus costas del océano pacífico con el tráfico comercial mundial, un submundo suspendido sobre palafitos. En la escena diaria, lugareños, migrantes y allegados alternan su permanencia en el lugar, defendiendo, codo a codo, cada metro cuadrado de su permanencia.

“Inflexión Palafítica”, vincula al individuo con su entorno. Es grafito sobre papel y algunas intervenciones de acuarela, las que construyen la morfología de un proyecto en el que el palafito constituye la anatomía de su forma.  En su confección se describe cómo la construcción de la persona, interviene en la cimentación de la urbe que habita. Ahí, la presencia patente de los vicios de la sociedad delatan un panorama de profunda división que deja al descubierto el tabú hostigante y avasallador de la ceguera medial y popular. El proyecto de Felipe Bedoya exhibe lo desconocido, lo que no se ve a simple vista. Los matices y virtudes de una situación que por paradójica se vuelve infinitamente bella.
Donde prima la violencia y la corrupción, subyacen las raíces de una identidad arquitectónica que es emblema y espejo de la esencia de Colombia. Está representada por la plasticidad de sus casas, en ellas una efímera cinta de enmascarar da cuenta de esa fragilidad en la construcción. Porque es un material de paso, jamás definitivo es que la  belleza de sus levantamientos estén, en efecto, descuidados, en el olvido de las miradas y abandonados a la espera de su suerte. 
Las casas del puerto, una junto a la otra, aún de pie como arañas de pies largos, se expanden como las ramas de un árbol, armando caseríos del color de la cultura afrodescendiente.  Por más que han querido tumbarlas, han sobrevivido gracias a un desconocido ímpetu de supervivencia, y pese a la fragilidad de sus cimientos, y de la volatilidad de sus habitantes, se conservan vigentes gracias a un trabajo de colaboración entre los vecinos de paso.
De cara a su soledad enfrentan una realidad que las sostiene al borde de caer, en el limbo de la existencia, corriendo riesgo de muerte ante la más ínfima alteración. El hombre, la marea o el fuego serían suficientes para volverlas humo. Sufren porque la ambición y el antagonismo les arranca sus habitantes con la regularidad suficiente como para despojarles de un mísero atisbo sensitivo de hogar.
La comunidad asentada en las costas del puerto de Buenaventura, lleva en su esqueleto y desde su origen, el reflejo argumentativo de su estado de vitalidad. La belleza con que los palafitos sostienen delebles, las casas de los moradores transitorios del asedio popular, muestran con elocuencia el estado de un territorio que está en inminente peligro de extinción.
Aún así lucen un encanto estilizado, la mezcla de sus figuras simbólicas consiguen que, en discurso, la palma construya, el hombre divida y la canoa fragmentada se destruya en medio de una realidad social que sólo ve concilio y unión en el elemento que las conecta, el agua.

Natalia Vidal Toutin
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Paisaje vertical IGraphite, watercolor, acrylic on paper.
Anatomy of a canoeGraphite, watercolor on paper.
Island IGraphite, watercolor on paper.
Sinking of a palafito / Graphite, watercolor, tape on paper.
Chonta palm Graphite, watercolor, tape on paper.
Canoe waves / Graphite, watercolor, on paper.
Palafito I / Graphite, tape on paper.
First foundation / Graphite on paper.
Palafito II / Graphite, watercolor, tape on paper.
Social scale / Graphite, watercolor on paper.
Horizontal palafitos / Graphite, tape on paper.
Boy portrait Graphite, watercolor, tape on paper.
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 Horizontal / Connected by water.
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Details / process.