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    September 26th, 2015 was the first anniversary since 43 Mexican students disappeared, after they were ambushed by the police. FABRICA's Social Campaigns Area remembered them with the performance “For the Disappeared”, created alongside Inossidabile, a cultural association and over 43 students from Venice. Read Less
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On September 26th, 2014 three busses full of students from the Escuela Normal Rural in Ayotzinapa were heading to Iguala, where the students intended to take part in the protests against an education reform. The busses were attacked by police, resulting in four students being killed and 100 arrested. 43 of them disappeared. Research has led to the discovery of mass graves with dozen of unidentified bodies, unknown victims of other attacks.
Until now, no one knows what happened to those 43 students: they have become the symbol of more than 22.000 people that have disappeared in the last 8 years, most of them during the war against drug dealers in Mexico.
 
September 26th, 2015 was the first anniversary since 43 Mexican students disappeared, after they were ambushed by the police. FABRICA's Social Campaigns Area remembered them with the performance “For the Disappeared”, created alongside Inossidabile, a cultural association and over 43 students from Venice.
 
The final drawing forms the shape of Mexico and is a permanent symbol and memory of all students that have been oppressed in the past — for us to remember, and to prevent history repeating itself.
FABRICA – For the Dissapeared-
Written by: Paloma Patlán
 
La música contagia una atmósfera sombría, y al compás de un ritmo lento, caminan  personas vestidas de  blanco que llevan en la mano una luz. Se acuestan contiguos 43 estudiantes,  apoyan la luz en su pecho y se les ilumina un rostro joven.  
La quietud de la música termina, el sonido de cuerdas acelera la acción de personas vestidas de negro  que trazan con  un gis la silueta del cuerpo de cada estudiante que yace en el suelo.
Suenan percusiones que se asemejan a las palpitaciones de un corazón, y en cada estruendo, un estudiante apaga su luz. Mientras las luces se extinguen, es más notorio cómo sus sombras se pierden en  las veintiún horas de la noche  del 26 de septiembre.
Juntos,  los estudiantes se levantan del suelo  y vuelven a iluminarse. Entre la música se escuchan voces de protesta y se hace visible que las siluetas de sus cuerpos han formado en el suelo  un mapa de México. Su presencia  deja una luz encendida en derredor a la línea delgada que delimita al país. Se observa entonces, la evidencia de una  nación construida por cuerpos ausentes.  
Son escudos entre  la niebla y el símbolo de la injusticia. Un monumento de cuerpos que se instauran en la memoria de todos. Se ha probado que el fuego no podría haber extinguido su cuerpo sin que hubiera evidencia. Sin embargo, la escena del crimen vislumbró otra penumbra, y ha hecho despertar a otras personas que exigen encender la luz.
  
Jhon Montoya, miembro del Departamento de Música de FABRICA,  fue compositor de la melodía que sonorizó  el manifiesto al que se unieron 43  estudiantes voluntarios originarios de distintas partes del mundo,  la mayoría estudiantes y entre ellos 4 mexicanos - Karen Oetling y Juan Pablo R.Valadez, son egresados  de la Carrera de  Diseño del ITESO-.
La performance se realizó en Venecia,  Italia, el mismo día y a la misma hora en  el que hace un año se vio  con vida por última vez a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y  expuso un reclamo por el esclarecimiento de la causa de su desaparición. Además, al realizarse en un espacio público, fue una manifestación colectiva y un acto de presencia civil.
Sin embargo, la instalación  en esencia, tiene la intención de ser un homenaje a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, pero también a los estudiantes  que han desaparecido a causa de la violencia y represión en el mundo.
Este proyecto encuentra semejanzas y genera relaciones con el otro, debido a que los 43 estudiantes  de Ayotzinapa se han convertido en el país en un símbolo de indignación por las más de 25,000  personas desaparecidas desde el 2007 a abril 2015;  pero también para estudiantes de distintas nacionalidades es un símbolo de aquellos desaparecidos que lucharon por la justicia social; en contextos distintos, pero también a causa de la violencia estructural en su país.
En ese sentido, este proyecto da cuenta que no se es tan diferente del que ahora se encuentra ausente. Probablemente los estudiantes en el exterior tienen un entendimiento más difuso sobre la causa y el contexto de qué sucedió con los 43 estudiantes normalistas  debido a la  información construida y tergiversada por distintos medios. Sin embargo, fue un acto en donde intervinieron jóvenes procedentes de distintas partes del mundo que conocen las luchas estudiantiles en su país y exigen que no desaparezca  un estudiante más en ninguna parte del mundo.  
 
En este acto buscan compartir su indignación sin que sea de carácter nacional y exigen la vida de los ausentes. Es presencia humana que  reclama por los que no están presentes.

La instalación se encontrará situada de forma permanente e incitará al cuerpo de los espectadores a instaurarse e instalarse como objeto de reclamo; plantar con todos los sentidos,  la inquietud por unirse a la búsqueda de la verdad y entender en un sentido humano lo que representa la ausencia de un estudiante, de una vida. Es un mecanismo para no olvidar, para exigir luz de verdad y manifestarse porque esto no le ocurra a nadie más;  es una construcción de memoria y  alteridad, un manifiesto plasmado con el cuerpo para acompañar al otro. Para compartir con el mundo que nos quisieron enterrar, pero somos semilla.