carolinea g's profile

Soñé con llevarme al Caribe a otro lugar

Soñé con llevarme al Caribe a otro lugar es una autoetnografía textil y conceptual sobre mi versión del Caribe. Parto de las teorías de Ranciére y Geertz sobre cómo los poemas son imágenes para asimilar la realidad, desde ahí entiendo al Caribe como poema y desgloso qué imágenes he utilizado yo para leer mi versión del poema Caribe. Andé la ciudad, la registré en fotos e imágenes y finalmente terminé de construir mi lenguaje imaginario a partir de mi sistema de signos predilecto: la aguja y el hilo, haciendo cuatro camisas que abarcaran aquellas imágenes que considero mías, una para cada persona que me crío y lo que me enseñaron a amar. Mi abuela, el tejido; mi mamá, el mar; mi abuelo, la ciudad; yo, la vida.
✧・゚: *✧・゚:* poner a mi caribe en imágenes *:・゚✧*:・゚✧
✧・゚: *✧・゚:* desarrollar un lenguaje imaginario: *:・゚✧*:・゚✧
poner mi caribe en cuatro poemas, desde los que creé cuatro camisas para que vivan conmigo


1. teje las ideas a la luz de los recuerdos
Mi abuela me enseñó a tejer. Primero aprendí a bordar, luego crochet, finalmente dos agujas y nunca a maniobrar la máquina. Era una niña muy inquieta y a mi abuela no le gustaba jugar conmigo. Entonces me enseñó los juegos de la aguja. Mi abuela tejía para mujeres como ella, con telas vaporosas como el chalis de algodón y frescas como la popelina o con rutas para el viento como el ojal. También resolvía las necesidades básicas de la casa. Nos tejía bolsas para la playa, ropa ligera y ahuecada para estar en casa, podía imitar lo que soñaba con sus tejidos, podía atrapar a las flores en redes de pescadores y de repente crear un universo imposible con sus agujas. 
Yo pasaba mucho tiempo en su taller, por las mañanas no daba el sol y había un ventilador de techo a punto de desprenderse que abanicaba toda la estancia. Me llenaba el cuerpo con los retazos de hilo y las sobras de la tela, era como si en vez de quererme vestir con el resultado, me quisiera vestir con las ideas o con los vestigios de estas. Amarraba hilos entre sí y me arropaba en ellos como una colcha.

Comenzamos a llenar la casa y a sus habitantes con nuestros inventos textiles. Dejábamos nuestra imaginación volar de un lado al otro como las sobras de tela con las exhalaciones del ventilador. Hacíamos colchas de retazos, pero también resolvíamos bolsillos con pedazos de manteles, puños con cortinas y hasta dejábamos mensajes escondidos en las ropas de mi abuelo y mamá. Era nuestro patio de juegos a la sombra, nuestro refugio del sol para imaginar.



2. ciudad inenarrable:
Aquí vivimos, en las calles se cruzan nuestros olores de sudor y café de azúcar, de ruinas y brisa del mar, nuestras miradas. Aquí caímos, aquí aceptamos las invitaciones a soñar. Ciudad de sillas de plástico, ciudad de pantalones de drill conteniendo las frustraciones de oficinistas, ciudad de mujeres vestidas de chalis soñando ser libres, ciudad del sol detenido, ciudad de la eternidad en una esquina, ciudad hostigante, ciudad entre las ruinas, ciudad de palabras, ciudad tejida en el recuerdo del presente. Aquí.



3. avistamiento de la vida:
Las tardes en casa eran hostigantes, luego de almorzar se abría paso dentro mío un cansancio incombatible que solo podía ser derrotado por la siesta de las dos de la tarde. Las tardes eran pesadas, las alivianábamos sentándonos con las plantas para que nos hicieran compañía en el avistamiento de la vida desde la terraza de la casa. Las tardes eran cegadoras, aquí en esta porción del mundo donde la luz se amontona a espaldas del sol. La luz, maravilla sin igual, horror sin semejanza. Era necesaria para que las plantas crecieran y nos protegieran de ella.

Pero la luz de la tarde también era creadora, creaba poesía infinita que se filtraba por los huecos de las paredes. La luz parecía huir del sol, buscando refugio dentro de las casas, esta búsqueda dejaba vestigios de universo en quienes creaban imágenes para combatirla, como la de una sábana echada sobre un mueble para protegerle de la luz o simplemente la colección de universos que visten a una casa al cambiar el sol de posición. Aquí, en esta parte del mundo donde hay voces soleadas en los rincones de las paredes.



4. los suspiros del mar humedecen las únicas palabras por las que vale la pena vivir:
Mi primer recuerdo del mundo es del mar retumbándome en los oídos. El mar que fue mi madre para mí por unos meses y que cuando salí de él, ella no se aguantó más de unos cuantos días para darme a probar del sabor salado del agua del mar. La proximidad al mar no solo humedece las palabras, las corroe, hace que se pudran, deteriora las promesas y los recuerdos, trae con el viento sal para la herida. El mar se abre cada día frente a mí como telón de fondo para el teatro de la vida y comienzo entonces a guardar recuerdos en la memoria de una grieta destrozada por la humedad del mar, le hago promesas a los clavos a punto de pulverizarse y me atrevo a amar el color del tiempo en un muro abandonado.


✧・゚: *✧・゚:*

✧・゚: *✧・゚:*
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre. El lenguaje del poema es el lenguaje de todos los días y, al mismo tiempo, ese lenguaje dice cosas distintas a las que todos decimos
carolina gálvez para el caribe y
para estudio 8: proyecto de grado
bajo la dirección de monina gómez (o luz mariela gómez)
jurados: erika martínez cuervo y santiago de francisco 
✧・゚: fotos hechas con angie y carly ✧・゚:



universidad de los andes
facultad de arquitectura y diseño
✧・゚: *✧・゚:*
2022

Soñé con llevarme al Caribe a otro lugar
Published:

Soñé con llevarme al Caribe a otro lugar

Published: