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    Desde el momento de la concepción empezamos a desarrollar esa herramienta gracias a la cual vamos a poder experimentar cuanto la vida nos ofrece: el cuerpo. Expresión pura de la personalidad, hay quien lo desprecia, anteponiendo el espíritu o la mente, y quien lo venera como lo más sagrado. Hay quien lo cuida y quien lo maltrata. Hay quien lo acepta y quien lo transforma hasta hacerlo coincidir con su autoimagen. Fuente de dolor y de placer, en él quedan almacenadas las emociones, los sentimientos y los pensamientos, no sólo en el cerebro, sino en cada célula, llegando con el tiempo a representarnos de una forma tan nítida que, lo aceptemos o no, tiende a identificarnos plenamente. De hecho los sistemas de identificación se fían más del cuerpo que de la mente. Una contraseña puede ser segura, pero nada como una imagen del cuerpo, una huella digital, el iris de un ojo, una dentadura o el ADN. Cuerpo en cualquier caso. Inicio ahora un proyecto extenso y ambicioso el que quiero investigar las relaciones que las personas establecen con su cuerpo hasta llegar a construir un concepto de "yo" y viceversa, es decir, cómo el cuerpo a su vez posee a la persona y cómo demanda sus necesidades. Para llevarlo a cabo he dividido la tarea en varias series cuyo desarrollo seguramente me tenga ocupado los próximos años. La primera propuesta es esta serie de retratos que ahora presento en los que se ahonda en el concepto de cuerpo y el sentimiento de pertenencia a un grupo. Para Maslow, en su famosa pirámide, una vez que la persona tiene cubiertas sus necesidades básicas, las siguientes en aparecer son precisamente las de pertenencia, primero a la familia, luego a un grupo de amigos, al grupo de estudios, al grupo de trabajo, a un equipo deportivo, etc. En el conocido como fenómeno "bear" hombres gays de todo el mundo sienten su pertenencia a un grupo, más allá de su orientación sexual, por reunir unas determinadas características corporales. Para fortalecer este cimiento, sin duda una fuente de identidad, muchos de ellos recorren cada año miles de kilómetros satisfaciendo así la necesidad de sentirse parte de algo más grande. Partiendo de una idea corporal, estas reuniones se convierten en una unión de un carácter más trascendente de lo que a primera vista se pueda pensar. Más allá de las conjeturas sobre la frivolidad corpórea, la pertenencia al grupo siempre nos conecta con la idea de ser algo más que puros seres individuales aislados, sin duda una de las más grandes aspiraciones humanas de todos los tiempos. Read Less
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