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    LOS NECROMANTES Entre puntos cardinales y constelaciones, desde Anubis a Posadas, la mayoría de los puestos de los oficios de la “muerte” se daban desde el parto natural o a partir un existir salvaje. El tiempo esculpió las peculiaridades de una entidad que siempre deviene transformación y transición: poderes sobre natura, objeto de culto, viaje a los infiernos. La muerte es crisálida, rezo y despedida. A mayor la resistencia del hombre a morir, mayor la distorsión del concepto original de la muerte. El tiempo humano se alimenta de los fármacos, la cirugía y la negación: carne aletargada en horas extendidas. Entre más intentamos describirla menos la comprendemos, como el oasis que la lejanía distorsiona, favorable al deseo y esperanza del observador. Sin forma y negada, la muerte se deshumaniza. El concepto de lo mortuorio, avergonzados de su sacralidad, lleva hoy una etiqueta de caducidad pronta: un frasco funesto en formaldehído, un capricho olvidado en la habitación de un hoalder, un recuerdo domesticado en el sentido pésame en el muro de las redes sociales. Bajo corporaciones más grandes y monstruosas que el mismísimo Kraken, vivimos condiciones precarias que son ecos de derrotas transcurridas en otros infiernos. En este devenir caprichoso, en esta concepción del tiempo cíclico, habitamos bucles de secuencias imprescindibles en la cinematografía del terror. El Exorcista ya un filme anticuado y conservador. Lo de hoy es el auto de formal terror, el Big Brother del gore, un Killer Showbiz. Apoyamos a nuevos demonios, más sedientos, más salvajes: queremos a John Doe, a Buffalo Bill, brindamos por Osama y Dahmer. Mucho más que lo fresco, las audiencias huelen la carne roja en el televisor, expectantes del horror que más nos electriza: nuestro propio aroma. Este es el infierno personal detrás de Los Necromantes, figuras de acción de la muerte contemporánea. A manera de regreso a la concreción de la mortalidad y lo mortuorio, hablamos de una muestra de la síntesis necrofilizada de un producto. Los demonios del mercado, la banca de sanguinarios, los potentados en los nuevos círculos del infierno. Ante el futuro, nuestra deshumanizada muerte y digitalizada vida. Huele a pan, y es de muerto. Read Less
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