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    Espero no equivocarme, al menos no demasiado, cuando digo que en el proceso de crear, nos mueve a todos un impulso de comunicación. No importa de que creación estemos hablando. El lenguaje toma forma, se mete de lleno en el proceso de la creación artística. Prefiero no involucrarme demasiado con la implicación del lenguaje al respecto, lo considero demasiado complejo y se me escapa por todos lados. No tiene por que ser necesariamente una comunicación hacia el exterior, no tiene por que estar dirigida a ningún publico. La mayoría os dirán que si, mienten. Una sola excepción confirma lo contrario, y esas excepciones existen. Me voy a remitir al terreno de la fotografía porque se presta bien al ejemplo, por ser visual y porque es la que mas me toca. Pienso, y estoy casi seguro de que esto es así para todos, que buscamos fotografiar algo mas de lo que simplemente vemos. Ver aquí es una palabra confusa. No vemos solamente con los ojos, realmente, ni siquiera vemos con los ojos, vemos con el cerebro, y llegados a ese punto todo se vuelve complejo. Cuando estamos observando una escena, cuando vemos una escena, interfirieren todos nuestros sentidos, pero no solo eso, interfiere todo nuestro ser. Podemos rememorar antiguos sucesos, o evocar algún pensamiento que guarda relación con lo que estamos viendo, etc. Interfiere todo lo que somos. Entonces, ocurre, que al querer plasmar ese suceso quiero plasmar -o me siento tentado a hacerlo- todo cuanto esta teniendo que ver en mí con ese suceso. De alguna manera incluso quiero fotografiarme a mi mismo en ese suceso. Eso no ocurre nunca -del todo- más que para uno. Y ni siquiera para uno mismo se logra inmortalizar o congelar del todo aquel instante único. El tiempo es cruel en este sentido. La mayoría, por no decir nadie, no busca en la fotografía el reflejo del fotógrafo. Como tampoco busca en la obra el pensamiento del creador. El pensamiento del creador pasa desapercibido y queda reducido a la nada. Es indiferente, no se requiere, no se precisa. Cuando vemos una fotografía, realmente solo estamos viendo una parte de lo que el fotógrafo plasmo, y a su vez una parte de lo que el fotógrafo quiso plasmar. A veces, sentimos algo mirando un suceso, lo fotografiamos y nos sobrecogemos, esta ahí, esta congelado, igual de bello. Pero sin darnos cuenta se va muriendo, lentamente, imperceptible; a veces tarda mas y otra menos, hay veces que esa memoria se mantiene, que todo o casi todo lo que se sintió se mantiene imperecedero, al menos por ahora; no he vivido lo suficiente para comprobar esto. De todos modos, cuando nuestros cuerpos se vayan esa especie de alma que depositamos en la vasija de la creación se ira con nosotros. Nada perdura eternamente. Para otros en cambio, esto es completa o casi completamente exiguo. Si no me atrevo a decir que es imposible que alguien pueda sentir lo que el creador sintió en el momento de la creación artística es porque es posible, quizás, lo dejo abierto, siempre hay que dejar las cosas abiertas a la posibilidad de que pudiese haber experimentado aunque solo fuese un atisbo de la misma experiencia, probablemente por simple casualidad, pero aun así tendría el significativo de ser mencionado. No obstante, seria, me temo, solo eso, un atisbo, un roce, nunca la intensidad de la llama viva. Llama, que ni siquiera el propio creador, por mucho que se empeñe, logra comprender. Es un fuego robado, formamos parte de el, si, pero el secreto de la creación -quizás- se de gracias a esa disociación con la obra. Hay que pagar ese precio para poder crear, hay que alejarse de uno y perderse, abandonarse incluso. Es terrible, según para quien, es más o menos soportable, otros ni siquiera sienten nada. Sea como sea, es un alto precio que estamos dispuestos a pagar. Read Less
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