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Crítica de cine: La nueva pretensión de Kauffman (2020)
Charlie Kauffman tal vez haya sido el nombre propio con mayor peso en Hollywood en los primeros años del siglo XXI. Es el guionista de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) por la que ganó el Oscar y también escribió ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), El ladrón de orquídeas (2002), entre otras. Llegó a Netflix con el estreno de su tercera película como director, en la que exhibe todas sus obsesiones: Pienso en el final o su título original: I’m Thinking of Ending Things.
Los rompecabezas narrativos y sentimentales que proponen sus historias siempre incluyen identidades duales, la soberanía mental, viajes oníricos, personajes solitarios desprotegidos y los recuerdos. Utiliza el lenguaje surrealista para retratar su complejo mundo interior que se proyecta en un laberinto metanarrativo. Cabe destacar que las influencias de Kauffman vienen del teatro, del vasto mundo literario y obras satíricas de humor. Aquí comienza un viaje a quizás su obra más enigmática y arriesgada: Pienso en el final (2020). Incluye spoilers.

El comienzo, nostálgico y surrealista

El destino, los recuerdos, la melancolía y el final son algunos de los componentes que nos acompañarán desde el principio de la película. Y desde el comienzo podemos vislumbrar que utiliza recursos literarios. Una fotografía luminosa en su comienzo, metáforas, citas textuales de autores, y un marcado costado intelectual en sus personajes: una pareja convencional que viaja por un paisaje nevado, tan frío como su relación. La mujer nos narra durante el recorrido que hace con su novio Jake a conocer a sus padres, pero planea cortar la relación. El primer conflicto, es que el muchacho parece muy enamorado de ella y tiene cualidades indulgentes. Exageradas, idealistas.
La película está basada en la novela homónima de Ian Reid y contiene una estructura teatral, en la que los protagonistas, Jessie Buckley y Jesse Plemons sostienen la historia con una convincente creación de la neurosis de la mujer y de Jake. Es la mujer, porque a lo largo de la película su nombre cambia, de hecho todo cambia.
La cena con los padres de su novio adquiere lentamente misteriosos y espeluznantes cambios. Jake habla de ella ante sus padres y cuenta primero que llama Lucy, luego Lucía, Louisa y hasta Yvonne. Sus empleos cambian, comienza a recibir misteriosas llamadas a su celular desde un contacto con su mismo nombre. Algo extraño ocurre, estamos ante un sueño o ante los recuerdos de alguien.

Las pistas indican que todo es una alucinación de sus recuerdos

Paralelamente, el montaje nos muestra la vida monótona y aburrida de un conserje de escuela. Una de las pistas más importantes al comienzo es cuando vemos a este hombre en su descanso mientras mira una película en la que un hombre lucha por el amor de una mujer de una extraña manera. Volviendo a la casa, los padres toman actitudes diferentes, surrealistas. Cambian de edad, se vuelven más viejos.
Mientras, Jake intenta estar a la altura de esa mujer de todas las formas, pero cuando su madre habla demuestra tristeza, bronca, hastío. Estamos ante un viaje onírico y retorcido. Las llamadas tienen extraños mensajes: “Solo hay una pregunta por resolver. Estoy asustado. Me siento un poco loco. No estoy lúcido». Son los pensamientos suicidas reales del conserje que entorpecen la fantasía. Sí, Jake es la versión joven del conserje que recuerda esa noche en la casa de sus padres.
¿Inventó un personaje que lo saque del hogar en el que quedó atrapado?
Las escenas surrealistas como la de ella bajando una escalera eterna en bucle, la foto de Jake cuando niño y se parece a ella, la cama de la madre enferma en el living o el aspecto moribundo del padre nos conducen a los más profundos recuerdos de una mente que alucina, que piensa en el final. Él nunca escapó de su claustrofóbico hogar infantil. Vio morir a sus padres y aún vive allí, lavando sus uniformes de limpieza en el sótano, en una clara pista de que Jake es el conserje. Un tema que prevalece mucho más en la película que en el libro es esta idea de envejecimiento, podredumbre y la decadencia. El Jake viejo, solitario y sin motivaciones recuerda con melancolía su juventud. Son recuerdos que lo acompañarán hasta el final.
La pregunta es, ¿Quién es esa mujer? ¿Fue una pareja más de Jake o un amor imposible? Sin dudas, alguien que le dejó una marca imborrable. «Ya ni siquiera sé quién soy en esta casa. Jake necesita verme como alguien que lo ve a él. Necesita ser visto y necesita ser visto con aprobación. Como si ese fuera mi propósito en todo esto, en la vida. ‘Mira a mi novia, mira lo que gané. Ella es inteligente, tiene talento, es sensible’”. Es un monólogo conmovedor por sí solo, pero cuando nos damos cuenta que Jake ha creado a esta mujer, es aún más escalofriante. La mujer, por su parte, se mantiene siempre insistente en que debe irse, quiere salir de ahí, se excusa en que debe estar en su casa a tiempo y, en medio de una feroz tormenta de nieve, emprenden el retorno.

El preámbulo y sus recuerdos

El camino de vuelta es casi el preámbulo del final. En ese juego del final de la relación y el final de su vida, la mujer repasa en su mente las razones para terminar con él. Seguimos viendo momentos surrealistas, como cuando se detienen a comprar helado en medio de la tormenta de nieve. Sigue viendo personas jóvenes, como lo hace todos los días de su vida. Chicos y chicas que le recuerdan que están en la mejor etapa de sus vidas y él, en la última. Hay mensajes enigmáticos en la película. Que él sepa tanto de obras teatrales infantiles, en particular de Oklahoma de Rodgers y Hammerstein. El conserje está observando a algunos estudiantes ensayando Oklahoma y le gustan los musicales, así que su ensayo está invadiendo su ensueño.
El comienzo del final se desarrolla cuando, por una situación casual, Jake se detiene en la escuela y entra porque sentía que alguien los estaba mirando. La mujer, al cansarse de esperarlo en el auto, entra al establecimiento a buscarlo. Ella se topa con el conserje, quién la mira con nostalgia, llora, ve difuminarse un recuerdo en la que quizás sea la escena más desgarradora del film. Todo pasa a ser el final de una obra de teatro. La imagen de la mujer es reemplazada por otra y aparece un apuesto y joven muchacho que baila con ella en los pasillos del establecimiento. Los ballets de ensueño son una especie de firma de los musicales de Rodgers y Hammerstein. Carrusel, por ejemplo, tiene uno.

Oklahoma: la obra que resume la historia de Jake

La historia de la obra se centra en un guapo vaquero Curly y una valiente granjera Laurey. En la propia mente de Jake, se presenta a su yo más joven como Curly y a la joven como Laurey. Pero al igual que lo hace en Oklahoma, Jud Fry, el granjero villano del musical, irrumpe en la fantasía y arruina el romance. Este papel lo ocupa el conserje. En este momento, Jake se ve obligado a aceptar la noción de que él no es el Curly de esta ni de ninguna otra historia. No es el guapo protagonista. Él es el villano frustrado y solitario. La película termina con el viejo conserje yendo al auto a suicidarse, mientras alucina.
En la última secuencia del film se ve a un joven Jake en un teatro con la escenografía de Oklahoma, pero con maquillaje de anciano. De hecho, todos los presentes llevan maquillaje de anciano con arrugas pronunciadas, quizás en una metáfora de que todos llegaremos al mismo lugar y de que vio durante su vida envejecer a todo el pueblo. Después de dar un último discurso, Jake toma su lugar en la pequeña y triste cabaña de Jud, que está decorada con algunos elementos de la habitación real de Jake. Plemons luego canta «Lonely Room«, la canción de Jud de la versión teatral de Oklahoma , todo sobre la fantasía de Jud de que él, y no Curly, puede conseguir a la chica.
Aquí hay un detalle. La canción que precede inmediatamente en el cronograma de la obra podría tener una pista de por qué Kaufman se centró en Jud como un eco cultural pop útil para Jake. Curly, en un intento por mantener a su rival alejado de Laurey, visita al torpe y solitario Jud en su triste choza y a los dos a dúo en el famoso «Pore Jud Is Daid», todo sobre la fantasía de ser recordado con cariño después de la muerte.

La muerte, el destino del que no podemos desviarnos

Pienso en el final es una atrevida película sobre los recuerdos que nos persiguen y los que nos acompañan, sobre las asignaturas pendientes, sobre el viaje por el que nos lleva nuestro cuerpo y nuestra mente hacia el final de la vida. Es también una metáfora notable y oscura sobre la soledad, los seres queridos que perdemos y el amor al arte como única distracción humana. Jake nació y se crió en un hogar represivo, claustrofóbico, cuya único escape era la lectura y la música. Esta mujer podría haber sido el amor de su vida, pero el «podría haber sido» se transformó en la prisión de sus recuerdos. Por eso imagina una versión perfecta de sí mismo, la que imagina, le hubiera gustado a ella pero nunca termina siendo suficiente.
Kauffman camina, con atrevimiento y audacia narrativa y visual, en los laberintos de la mente humana para recorrer nuestra identidad, nuestra esencia y nuestra neurosis de un modo original. Un film enigmático, opresivo, deslumbrante, nostálgico y tan estremecedor como la idea de pensar en los finales.
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